martes, 10 de marzo de 2026

El té y sus circunstancias


 

No soy amante del té y he aprendido algunas cosas que me han resultado incómodas y tristes. Dicho esto, os cuento algunos datos.

Desde que empezamos a acercarnos a los campos de té, lo primero que me llamó la atención fueron los tejados de las casas, chapas desvencijadas sujetas con piedras. Después reparé también en las casas , que eran mayoritariamente lo que nosotros denominaríamos chabolas. No era la humildad de las zonas campesinas, era pobreza lo que se veía y no entendía por qué, cuál era la razón.

La recolección la realizan las mujeres con la cesta a la espalda, por lo que van echando las hojas 🍀 por encima del hombro.

En la zona antes se sembraba café, pero una plaga acabó con las plantaciones y los ingleses introdujeron el té en el siglo XIX. Como los cingaleses no querían trabajar para ellos, se trajeron tamiles del sur de la India obligados y en condiciones de servidumbre, cuyo pago era únicamente la comida. A partir de la independencia de Sri Lanka, en el año 1948, pasaron a cobrar el salario mínimo (unos 300 dólares) y se les permitió quedarse en el país, aunque, sus condiciones, obviamente, no han mejorado demasiado.

Empiezan a trabajar a las 6 de la mañana y continúan hasta la tarde enfrentándose a las múltiples sanguijuelas, serpientes y leopardos. Según el guía, hasta 200 mujeres mueren al año a consecuencia de esos ataques, aunque no he encontrado información que lo corrobore.

El té es mejor mientras a más altitud crezca y esta va de 600 a 2200 metros. Dicen que el secreto de que el té de Sri Lanka sea el mejor del mundo, se debe a que únicamente se utiliza abono natural y a que se seca con leña de caucho y no por medios artificiales.

Después, lo suben a la fábrica y empieza el tratamiento.

El té verde, el negro y el rojo proceden de la misma planta, pero tienen un tratamiento diferente. El verde se seca por capas con ventiladores y después pasa a una sala que lo calienta a 120 grados gracias a una chimenea exterior que arde con troncos del árbol de caucho.

El té rojo es el único que tiene teína y eso se debe a que se humedece de nuevo y se produce un proceso de fermentación.

El té blanco y el té dorado son los más caros, pero porque proceden únicamente de los brotes tiernos que además hay que recolectarlos con una herramienta especial para no tocarlos con los dedos. Esa dificultad hace que tenga un precio de 500 euros el kilo.

Lipton, que todos conocemos como una marca de té, en realidad era el apellido de un inglés catador de té que vino a Sri Lanka y ya se quedó aquí durante toda su vida.

Tras la independencia, los campos de té se nacionalizaron y ahora los gestionan algunas empresas familiares y están en su mayoría arrendados.

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